sábado, 27 de junio de 2009

La irresponsabilidad social empresarial




El día 26 de junio del 2009, un grupo de amigas y yo fuimos a la "Segunda Feria de Responsabilidad Social Empresarial en Colombia". El objetivo que teníamos, y que en alguna medida se cumplió, era obtener información sobre posibilidades de financiación de proyectos económicos para la mal llamada población vulnerable, mal llamada porque asumir que la gente es vulnerable significa desconocer que la vulnerabilidad es una relación, no una condición, es decir es un verbo, no un adjetivo, pero sobre términos y conceptos descutiremos en otra oportunidad.

De las muchas cosas suceptibles de ser analizadas en ese tipo de escenarios, hay algunas que por la naturaleza de este blog llamaron más mi atención y merecen ser compartidas, bueno tal vez no, pero que más da. Por ejemplo la presencia de grandes empresas multinacionales que, mientras por un lado se promueven como ejemplo de responsabilidad social, y muestran niños cantando y ancianos riéndo, por el otro se constituyen como parte activa de los actores generadores de violencia, desplazamiento y vulnerabilidad, para resaltar el caso de La Drummond Company, empresa que tiene una demanda interpuesta por 67 víctimas de grupos paramilitares, quienes los acusan de tener estrechos vínculos con estos grupos criminales, proceso que se está llevando a cabo en el estado de Alabama, Estados Unidos.

http://www.caracol.com.co/nota.aspx?id=819996

Sin embargo eso no les impide presentarse como pioneros de la responsabilidad social, tal como exponía su stand y se reitera en su sitio de internet" Desde que inició la operación en Colombia, Drummond Ltd. implementó el programa de relaciones con la comunidad con el propósito de promover y mantener una relación de “Buen Vecino” mediante la ejecución de un plan ambicioso de inversión social en todos los municipios del área de influencia de sus operaciones.Esto ha consolidado a la compañía como una empresa con compromiso social que genera progreso a nivel local, regional y nacional"

http://www.elempleo.com/sitios_empresariales/drummond/responsabilidad.asp.

Otro elemento para resaltar es el tipo de publicidad y porpaganda que se realiza con las personas desplazadas; El stand de Acción Social, y tal vez, haciéndo alegoría a lo que tienen que padecer los desplazados a la hora de reclamar sus derechos, era un extenso y confuso laberinto que no conducía a ninguna parte, donde no había nadie, sólo algunas fotos de personas, que a juzgar por la sonrisa que exponían, ser deplazadas era la cosas más maravillosa que les había ocurrido en la vida, y algunos carteles que mostraban los derecho las personas en esa situación.
Saliéndo del stand estaban presentes las caras de bonitas y bonitos promotores de algunas agencias de cooperación nacionales e internacionales quienes nos atendían con una gran sonrisa, pero no tenían la menor idea sobre qué responder cuando les preguntabamos por programas específicos para la gente y las dificultades que las personas desplazadas tienen para acceder a esos proyectos, por lo tanto sólo se limitaban a darnos hermosos folleticos con números de contacto y sitios web para consultar.

No sé si la feria fue o no exitosa para mostrar la responsabilidad social empresarial, pero sé que sí nos fijamos bien, cada kilómetro de nuestro extenso territorio es un lugar privilegiado donde se puede ver su IRRESPONSABILIDAD.

martes, 23 de junio de 2009

Impacto psicológico del desplazamiento en las mujeres















Por Xavier Orellana (Ecuador)


A lo largo de la historia de la Oficina
del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y
luego de operar en varios cientos de países,
la organización ha comprobado que la huida del
país de origen, las torturas, las amenazas y otras
experiencias traumáticas que han sufrido los refugiados
y las refugiadasdejan huellas en su psiquis.
Además, la llegada a un nuevo lugar, con las con-
siguientes dificultades para integrarse y
las eventuales muestras de desconfianza y
discriminación que afrontan estas
personas pueden agravar la situación
y llevarles a profundos estados de de-
presión que afecten tanto a la persona
como a su grupo familiar. En ciertos
casos se ha visto que el impacto puede
ser tan grande que incluso puede pro-
vocar el suicidio.

En el Ecuador, uno de los socios
estratégicos de ACNUR es HIAS, la
Sociedad Hebrea de Ayuda al Inmigran-
te. Esta organización inició su trabajo
en Ecuador en el año brindando
atención psicológica a los refugiados.
Katia Landín, una de las psicólogas
que actualmente trabaja apoyando al
ACNUR explica que es necesario dife-
renciar entre los impactos psicológicos
que sufren los hombres, las mujeres y
los niños. Asimismo, nos explica que
dentro de las mujeres, hay subgrupos
que tienen necesidades especiales y
que viven la experiencia de la llegada a
un nuevo país de forma distinta.

Uno de esos grupos corresponde a
las mujeres cuyo rol en la pareja cam-
bia a raíz de convertirse en refugiadas.
“Para ellas es más fácil que para sus
compañeros encontrar trabajo en el
Ecuador. Eso que podría parecer una
ventaja muchas veces causa tensiones
graves, que incluso pueden dar paso a la
violencia intrafamiliar. Al mimo tiempo
por ser extranjera la mujer está expuesta
al acoso laboral, acoso sexual, o a recibir
salarios más bajos que los establecidos".

En el caso de las colombianas, la presión
provenienete de las familias y del trabajo se
puede ver agravada por los prejuicios y el
injusto desprestigio social que tienen que enfrentar
día a día ya que a menudo se les considera como
prostitutas "quita maridos".

Otro grupo que a veces pasa inadvertido es el de las
mujeres mayores, "no hablamos solamente de mujeres de
la tercera edad, sino de las mujeres mayores de 40
años, porque ellas tienen mayores dificultades para
adaptarse a un nuevo medio".

lunes, 22 de junio de 2009

Refugiados Invisibles

Crónica Edna Yiced Martínez
Fotografías Damian Selous
www.librearbitre.com


Colombia es, despueś de Sudán, el país del mundo que más personas tiene en situación de desplazamiento forzado, y probablemente el número uno si hablamos de confinamiento, una situación en la que por amenazas de alguno de los bandos e intereses involucrados en la guerra las personas no pueden salir de sus lugares de residencia.





Según cálculos hechos por CODHES, (Consultoría para los derechos humanos y el desplazamiento) en Colombia son más de cuatro millones de personas que han tenido que huir para resguardar su vida y la de sus seres queridos, aunque en muchas ocasiones no todos los integrantes de la familia corren con la suerte de escapar, siendo asesinados brutalmente en frente de sus padres, madres, hijos, hijas, o secuestrados bajo la figura del reclutamiento.

También se ha documentado que la mayoría de las víctimas corresponde a mujeres, niños y pueblos étnicos, como lo expone el dramático caso de los afrocolombianos quienes no sólo tienen que soportar la discriminación histórica y la pobreza estructural, sino que ahora cargan sobre sus hombros el título de desplazados, una razón de discriminación adicional en un país en donde sobre la persona desplazada se han creado una serie de prejuiciosy estereotipos que en muchas ocaciones les impide tener acceso a derechos básicos como vivienda, educación y empleo. Muchas de las personas con las que trabajé a comienzos del 2009 me comentaron cómo cada vez que comentaban las razones por las que habían tenido que dejar sus lugares de origenes la gente hacía una expresión de asco y temor, que se traducía en negarles la posibilidad de arrendar una pieza, conseguir un trabajo, o mandar al colegio a sus hijos e hijas.

“Es que si uno dice que es desplazado la gente lo mira feo, como si una tuviera una enfermedad. Y es que dicen que si nos desplazaron fue por algo, como si nosotros fuéramos los culpables, a la gente se le olvida que somos las víctimas”.

Hablar de la historia del desplazamiento en nuestro país implicaría hablar de toda la historia de Colombia; desde la mal llamada conquista hasta nuestros días, en donde los intereses económicos y políticos han sido y siguen siendo el motor detrás de todo este aberrante proceso. Así como los españoles arrasaron, asesinaron y desplazaron millones de aborígenes con el fin de saquear las riquezas de las nuevas tierras, los guerrilleros, paramilitares y ejercito realizan la misma tarea con el fin de afianzar proyectos políticos sustendados en múltiples intereses económicos y viceversa.




Pero el tema del desplazamiento, como muchos otros temas; las masacres, las desapariciones, los falsos positivos, en donde se comprobó que las fuerzas armadas del Estado estaban secuestrando y asesinando jóvenes en zonas pobres del país para hacerlos pasar por guerrilleros o paramilitares muertos en combate, son temas de lejana actualidad, en donde todo el mundo parece saber lo que ocurre pero nadie, ni los medios de comunicación, ni la llamada opinión pública, ni la academia, ni mucho menos el gobierno están dispuestos a llegar al fondo. Además en un universo donde la información y los medios de comunicaicón están sometidos a dinámicas del mercado y de los intereses políticos, parece que ésta tiende cada vez a ser más ligera y más plana.

Tal vez por eso se explica que nadie, nisiquiera mis amigos periodistas, o políticos, o académicos se hayan enterado, no hayan visto a las más de 2. 300 personas que desde hace dos meses están viviendo en uno de los parque más importantes de Bogotá, la ciudad capital de Colombia. Son mas de 2.300 personas, la mayoría mujeres y niños que vienen del Putumayo, Chocó, Caquetá ,Meta, Magdalena, Bolívar, Córdoba, de casi todos lugares del país, y que duramente clasificarían en esa clase de turistas descritos por José Obdulio Gaviria, uno de las figuras más significativas dentro del gobierno actual, uno de los consejeros de cabecera del presidente, quien argumentó, hace tan solo unos meses, que en Colombia no existían desplazados sino migrantes voluntarios, algo que yo denominaría “una extraña clase de nuevos turistas”


Pero es que a diferencia de los turistas convencionales, quienes disfrutan las ventajas de seguridad democrática y su campaña promocinal “ Vive Colombia, Viaja por Ella”, estos “turistas” no viajan escoltados por las caravanas del ejercito, no salen en campañas publicitarias hablando de los maravillosos paisajes, la deliciosa comida, o la hospitalidad de la gente, y aunque están muy cerca del centro histórico, ya que “viven” a tres cuadras del palacio presidencial y el congreso, no hacen parte de esa ola de interesantes y ricos turistas que cada vez es más visible en la Candelaria, uno de los barrios emblemáticos de la ciudad.

En cambio llevan más de dos meses instalados en improvisadas carpas hechas con lo que sea que logren encontrar, allí intentan refugiarse del frío, del sol del agua, cocinando en pequeños fogones leña, comiendo lo que sea que logren conseguir, bañándose en las contaminadas pocetas que pretenden adornar el parque; parque en el que los domingos se combian las jornadas de aeróbicos programadas por el distrito con las filas de niños desnutridos esperando por un pocillo de aguapanela, con pan si tienen suerte, y las hileras de ropa sucia o limpia que se extiende alrededor.


Refundidos en esa extraña especie de “nuevos turistas” se encuentra doña Alba con sus dos hijos, con la piel llena escamas debido a una alergia que desarrollaron por bañarse en, como ellos lo llaman “las piscinas” del conjunto residencial. Tienen los labios morados y las gargantas roncas del frío que han tenido que soportar todos estos días. Doña Alba ha tenido fiebre de hasta 40 grados, y lo único que había comido ese día, a las 5 de la tarde cuando la fui a visitar era una taza de tinto que le había relagado los vecinos del cambuche del lado.

Como doña Alba hay cientos, miles de personas que a diferencia de los turistas convencionales no pudieron hacer la maleta, seleccionar el destino de viaje, y disponer de los recursos necesarios para tener unas vacaciones memorables en la cosmopólita Bogotá; a ella, como a muchos otros les tocó salir corriendo con lo poco que llevaban, y por lo general lo único que logran sacar es a sus hijos, escapando de la guerra y los intereses que la sustentan, y que aunque se insista en negarlo en Colombia sigue desplazando, desapareciendo y matando gente.

Ella es una líder comunitaria, y con los pocos recursos que tenía, pero con muchas ganas de ayudar a personas en similares condiciones montó una fundación, El Renacer de la Familia, que trabaja en el sector de Ciudad Bólivar. Ella, como todos, o la gran mayoría de desplazados que se encuentran en el parque Tercer Milenio, el antiguo cartucho, para los que no conocen, tiene un registro ante Acción Social, y ha invertido miles de horas haciendo fila, pidiendo algún tipo de auxilio y atención en las oficinas de la UAO (Unidad de Atención al Desplazado), sin que ningua de las “ayudas” resulte eficaz y mucho menos suficiente.

“Después de un año de pedir en la UAO me dieron un bono para hacer mercado en Colsubsido de la 63, pero es que allá es muy caro, una cubeta de huevos vale ocho mil pesos, mientras en el barrio la puedo conseguir a cinco mil, no puedo comprar cosas de aseo ni nada de eso, como si nostros fuéramos animales sin derecho a bañarnos o lavarnos los dientes. Además no tenía plata para el taxi, ni para la buseta, cómo me voy para mi casa, a pie.
Estoy aquí porque no tengo para donde ir, me dieron mercado pero debo 6 meses de arriendo, me cortaron la luz y el agua, y la dueña de la casa me dijo que iba a ir con la policía. Mire la fecha y no le he comprado el uniforme a mis hijos. Yo necesito que me resuelvan algo, pero de verdad, el gobierno dice una cosa por televisión y todo el mundo piensa que los desplazados la estamos pasando muy bien, hablan de subsidios de vivienda, pero uno va y le dicen que no hay plata, hay que esperar. Dicen que nos están dando plata para proyectos productivos, pero a las que más les dan han recibido un millón y medio de pesos, y uno qué hace con eso si debe arriendo, servicios y tiene niños llorando por hambre”

La preocupación central de doña Alba, y con toda razón es conseguir una casa y una entrada económica que le permita sobrevivir, mantener a sus hijos y seguir trabajando en la fundación, como ella dice, “Tener un lugar donde meter la cabeza”. Ella no está pidiendo ni restitución, ni reparación, porque sebe que eso está muy lejos; que el gobierno le devuelva lo que perdió es casi que imposible. No le puede devolver a su esposo ni a su hermano, no le puede restituir las horas de angustia intenando mantener a sus hijos vivos mientras llegaban a Bogotá, ni el mar de humillaciones que ha tenido que padecer por ser desplazada, mucho menos el millón de lágrimas que recorren sus mejillas cuando recuerda que tuvo que comer de la basura, o fue obligada a pedir limosna para una red de trata de personas que habían secuestrado a su hijo. Nada de eso se lo puede restituir el gobierno, por lo tanto sólo pide, al igual que las 2.300 desplazados que están el parque, y probablemente como la mayoría de los 4 millones de desplazados que hay en el país, lo básico, aquello que como humanos y sociedad nos comprometimos a garantizarle a cada ser humano sobre este territorio.

Mi preocupación y no sé si con razón, es en la clase de seres humanos y de sociedad en la que nos hemos convertido, en donde no sólo seguimos de largo mientras miles son asesinados y desterrados porque le estorban al proyecto político y económico, sino que somos capaces de planear y tener jornadas de aeróbicos cada domingo en ese parque, como si no pasara nada, como si ellos ya hicieran parte del paisaje cotidianado de la ciudad y del país. Nos hemos deshumanizado tanto que somos capaces de pasar por el parque, encontrarnos con la tragedia reflejada en la mirada desconsolada y triste mujeres como doña Alba y sus hijos, y luego ir a nuestras casas pensando en lo feo que se ve el parque con toda esos trapos extendidos, y esa gente cochina, vestida con ropa vieja, haciendo hogeras y ensuciando las bonitas fuentes de agua que lo adornan.