Por Xavier Orellana (Ecuador)
A lo largo de la historia de la Oficina
del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y
luego de operar en varios cientos de países,
la organización ha comprobado que la huida del
país de origen, las torturas, las amenazas y otras
experiencias traumáticas que han sufrido los refugiados
y las refugiadasdejan huellas en su psiquis.
Además, la llegada a un nuevo lugar, con las con-
siguientes dificultades para integrarse y
las eventuales muestras de desconfianza y
discriminación que afrontan estas
personas pueden agravar la situación
y llevarles a profundos estados de de-
presión que afecten tanto a la persona
como a su grupo familiar. En ciertos
casos se ha visto que el impacto puede
ser tan grande que incluso puede pro-
vocar el suicidio.
En el Ecuador, uno de los socios
estratégicos de ACNUR es HIAS, la
Sociedad Hebrea de Ayuda al Inmigran-
te. Esta organización inició su trabajo
en Ecuador en el año brindando
atención psicológica a los refugiados.
Katia Landín, una de las psicólogas
que actualmente trabaja apoyando al
ACNUR explica que es necesario dife-
renciar entre los impactos psicológicos
que sufren los hombres, las mujeres y
los niños. Asimismo, nos explica que
dentro de las mujeres, hay subgrupos
que tienen necesidades especiales y
que viven la experiencia de la llegada a
un nuevo país de forma distinta.
Uno de esos grupos corresponde a
las mujeres cuyo rol en la pareja cam-
bia a raíz de convertirse en refugiadas.
“Para ellas es más fácil que para sus
compañeros encontrar trabajo en el
Ecuador. Eso que podría parecer una
ventaja muchas veces causa tensiones
graves, que incluso pueden dar paso a la
violencia intrafamiliar. Al mimo tiempo
por ser extranjera la mujer está expuesta
al acoso laboral, acoso sexual, o a recibir
salarios más bajos que los establecidos".
En el caso de las colombianas, la presión
provenienete de las familias y del trabajo se
puede ver agravada por los prejuicios y el
injusto desprestigio social que tienen que enfrentar
día a día ya que a menudo se les considera como
prostitutas "quita maridos".
Otro grupo que a veces pasa inadvertido es el de las
mujeres mayores, "no hablamos solamente de mujeres de
la tercera edad, sino de las mujeres mayores de 40
años, porque ellas tienen mayores dificultades para
adaptarse a un nuevo medio".
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